El miedo de Fada

La historia de Fada es compleja. Era de un cazador que cuando se cansó de ella, la dejó en la protectora. Como no damos abasto, no siempre podemos encontrar un hueco en una casa de acogida que es donde mejor se recuperan, dónde más trato personalizado reciben, dónde más llegas a conocerlos… En cambio, algunos tienen que permanecer en las protectoras hasta que le encontramos familia. Este fue el caso de Fada. Lo único que sabíamos de ella es que era muy tranquila, bastante asustadiza, y que podía vivir con gatos.

Nos entró una solicitud interesante para Fada. Una casa en un pueblo tranquilo, conviviendo con tres gatos y otro perro. Nos pareció perfecto para ella. Pero muchas veces, aunque las cosas se hagan con la mejor intención, no salen bien.

Al cabo de 4 días, Fada empezó a dar síntomas de no pasarlo bien con la familia que habíamos pensado para ella. Y es que algunas veces estas cosas pasan. No le pasa nada a la familia, no le pasa nada al galgo, pero algo pasa que no están bien. Así que aunque su familia intentó todo lo posible por mejorar la situación, Fada volvió a Galgos112 por el bien de todos, y sobretodo por ella.

Llegó a medio día. Fada es una galga espectacularmente guapa, alta, de pelo largo, blanca y naranja, con unos ojos preciosos que observaban cada movimiento que hacías. Nada más entrar en casa, eligió su sitio del sofá, el lugar dónde más segura se sentía, y allí pasó casi todo el tiempo de los 10 días que estuvo en casa. Desde el primer momento, tenía claro lo que hacer con Fada. No mirarla y no hablarle. Ella necesitaba su espacio, entender que no le iba a pasar nada en esta casa. Si la mirabas mientras estaba en el sofá, siempre giraba la cabeza y te miraba de reojo. Y si notaba que seguías mirándola se bajaba del sofá y se tumbaba al lado de la puerta de casa. Si estaba de pie y la mirabas, entonces se tumbaba al suelo en plan sumiso. Esto sucedía también a la hora de poner las correas. No es fácil ponerle la correa a una galga a la que no puedes mirar. La llamas, giras la cabeza mirando hacia otro lado, entonces ella se acerca porque sabe que toca correa, se medio tumba en el suelo, y ahí estaba yo intentando pillar el collar con el mosquetón de la correa. Por supuesto si estaba yo delante no comía. Le ponías el plato y ella se subía al sofá. Solo cuando salías del comedor se acercaba toda contenta al plato.

Con este plan, hicimos todo lo que estaba en nuestra mano. Utilizamos Flores de Bach en el agua que beben, le pusimos el collar DAP nada más llegar, pautas… Un día, al regresar del trabajo me recibió dando saltos sobre el sofá, de uno a otro. Era su forma de decirme que estaba contenta. Si la miraba, paraba en seco y se tumbaba, así que la dejaba hacer. No podía mirarla pero la veía de reojo disfrutar. Le encantaba salir a la calle, a pesar del miedo que pasaba con tanto ruido y tanta gente. Cambiamos nuestros horarios de salida para reducirle el estrés.

Después de diez días en casa, y teniendo en cuenta cómo llegó, aunque tuvo pocos avances, fueron pasos agigantados. Un día sin más, al cabo de una semana, entré al comedor mientras comía. Ella se quedó mirando, me siguió con la mirada, pero no se separó del plato. Dos segundo de observación y volvió a comer. ¡Qué alegría!!!! Otro día, estaban Fada y Petri sentadas bastante cerca. Me agaché para acariciar a Petri, por supuesto sin mirar a Fada, haciendo como si no existiera. Estaba abrazando a la Petrilla, cuando noté los bigotillos de Fada en mi codo derecho. Me estaba oliendo!!! Pero lo más gracioso fue que una vez olida, me dio un par de lametones en ese mismo codo como diciendo… ‘yo te quiero ¿sabes? Lo que pasa es que aún tengo miedo’… Madre mía lo que me alegró ese gesto!!!! ¡¡¡Y no poder girarme a darle un achuchón!!!!

Al cabo de diez días, Núria y Silvia la acogieron en su casa a las afueras de Valencia en una zona tranquila, acompañada de su galga equilibrada y tranquila. Un lugar perfecto para Fada donde mejorar a su ritmo hasta que esté preparada para adaptarse a su familia definitiva. Se que desde entonces ha mejorado muchísimo. Salen mucho al campo algo que le va genial a ella. Corre, se desahoga, sueltra adrenalina, y eso le permite estar mejor en casa.

Pronto iré a visitarla. ¡Ay que ganas de ver a la chiqueta y su mirada de ángel!!!!!

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Esta entrada fue publicada en 03. Fada (13-22 Mayo), Acogidas 2011. Guarda el enlace permanente.

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